en el estío sin agua, se le ve la herida,
se adivinan en el fondo las ramas y las piedras
secos fangos, grises y entristecidas hiedras.
Río en el presente dolorido
imploro al cielo lluvias tan urgentes
que llenen de verdor estas heridas
de líquido limpio y nuevo tus caudales
que vengan de esos montes a raudales
litros y litros de nueva vida
frescor, verdor y sombra a tus orillas.
Cerca está ya la primavera
que traerá a tu cauce sus milagros
agua que te limpiará los males
de la sequía que hoy te ha envejecido,
que reverdecerá la hierba
agostada por los males y los vientos,
que fortalecerá a tu alrededor los árboles
llenando de sombra fresca la alameda
mientras cantan los hoy ausentes ruiseñores.
Volveré a tus orillas otro instante
a pasear con tus sonidos y tus sombras
a detenerme junto a tu murmullo
cadencioso y tranquilo, casi humano,
reflejo del vivir de mis hermanos,
a sentir tu serena y silenciosa compañía
como siento hoy en el alma tu sequía.
Río – 2
Serás de nuevo arroyo caudaloso
de vida y de tiempo, suave camino
que marca los rumbos al peregrino
y deja su murmullo cadencioso.
Al atardecer, suave y silencioso
dejaré el bastón, refrescaré vino,
vislumbrando en tus aguas el destino
mi discurrir de río, mi reposo.
Al amanecer sentiré el rocío
milagroso de tu otra nueva vida
anunciando el final del seco estío
acunando el bálsamo en la herida
devolviendo al cauce de este río
el agua y la esperanza revivida.
En la foto, hace 20 años, mi padre y una de mis hijas. (La canción que escucháis me recuerda mucho la voz de aquel otro modesto amestoy).


