30 marzo 2008

De nuevo en casa


Hola amigos y amigas:
hoy he vuelto a casa, después de pasar una semana de vacaciones con la familia en una casa rural de Cantabria, en los Valles de Pas. Hemos ido diecisiete personas, cuñados y cuñadas, primos y primas y he podido disfrutar de charlas alrededor de la mesa, de comidas compartidas entre sonrisas y de un buen fuego junto al que leer (menos de lo que quisiera).

Vuelvo a la normalidad, a la quietud de los días repetidos, a la amable sencillez de las jornadas laborales (si no se complican las cosas) seguidas de tardes en casa con los míos. En esa normalidad procuraré leer más, escribir algo más y recuperar la tranquilidad perdida en el ajetreo de estos días.

Visitaré los blogs y dejaré mis comentarios sin hacer de masiado ruido.
Un abrazo para cada uno de vosotros.



Junto al fuego
mis pensamientos vagan inquietos
imagino historias
creo personajes que reflejan mis inquietudes
tejo situaciones donde el alma
recupera paz y sosiego
junto al fuego
enlazo las manos con tu pelo
nuestros sentimientos trenzan cabellos nuevos
nuestras pasiones reposan sin dueño
junto al fuego
mi amistad enternecida
imagina un encuentro
de cena y poesía
junto al fuego
mi poesía se esfuerza
en reflejar la belleza
tu belleza y tus esencias
de mujer apasionada
mientras dibujo en mi mente
tu perfil contra las llamas
junto al fuego.

20 marzo 2008

la esquina del tiempo y vinos viejos


Doblo la esquina del tiempo, tropiezo con vuestras caras, se dibuja una sonrisa de reencuentro y mis ojos iluminan con su alegría el abrazo de los amigos, tras un tiempo sin verse.
Vuelvo después de reposar vivencias, como reposan los vinos viejos, en el silencio profundo de la tierra y entre olores de madera noble, como reposa el viajero junto al fuego, recordando detalles del viaje y paseando entre emociones guardadas en el alma.
Me encuentro con vuestros ojos, con vuestras sonrisas francas que me devuelven engrandecidas los sentimientos que expreso en este espacio hasta hoy callado y sólo roto por algún comentario aislado y reconfortante.
Reposo lo vivido estos últimos meses y vuelvo a sentir la necesidad de expresar, de comunicarme con vosotros de vez en cuando, de entrar en vuestras casas y ver qué pensamientos, qué fotos, qué sentimientos habéis dejado en vuestra ventana para que otros viajeros curiosos observen, callen o digan algo.
Traigo platos calentitos, poemas entrelazados de ternura y de pasión, de ser, sin más pretensiones, peregrino de mi rpopio existir; de compartir, sin más anhelo, vuestro y mío, nuestro camino y lo que en él acontece.
Cada semana, cada recodo de este camino trataré de poner en esta mesa lo que siempre hemos compartido: poesía y cocina.
.
AMIGO
AMIGA
SUEÑO
SONRIO
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Pasos en el camino
ruido que llega de lejos
promesas de reencuentro
mis manos dibujan sonrisas
anticipando el momento
de los besos, del abrazo.
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Tensión entre las palabras
ansiedad, espera breve,
hasta que me devuelvas
tus palabras amistosas,
hasta que me sacies
el alma con tu sonrisa.
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Funde en mis brazos
tu sentir enardecido
deja que mis sentires
se deshagan en tus labios
y mis lágrimas refresquen
este volver a encontrarnos.
.
.
Un abrazo a todos y todas, Modesto

03 febrero 2008


Tempus fugit et carpe diem


Hoy, mientras la vida me da oportunidades no soñadas hace unos meses, recupero estos dos tópicos de la literatura latina para reafirmar la lucha por ser feliz que emprendo, a pesar de las circunstancias que nos viven y nos rodean, cada día y cada vez con más empeño y conocimiento.

Que el tiempo vuela no hace falta que nos lo enseñen en la escuela, ya se encarga él mismo de que recordemos las cosas de hace veinte años con una inmediatez que nos produce vértigo, al situarnos al borde del precipicio del pasado. Me basta con recordar que hace 25 años que me casé, que mi hija mayor cumplirá los veintitrés, que ha acabado la carrera y está trabajando (en precario como todas las personas jóvenes) para emanciparse y volar aún más alto, que la segunda cumplirá veintiuno y parece que el tiempo ha pasado cual tren de altísima velocidad; que Venta acaba ya la enseñanza primaria y caminará indeciso por los años de la adolescencia que se ve incipiente en sus protestas, en su bigotillo y en sus ojos; que los amigos comienzan a celebrar su cincuenta cumpleaños…

Contra este vértigo conozco dos remedios que, a veces, ayudan a paliar sus efectos. El primero, rellenar con cientos de miles de imágenes cada día, cada semana de esos años; con miles de paisajes cada estación en que paró ese tren de alta velocidad, dibujar esos paisajes, y recoger cada sonrisa y cada lágrima, con ternura, cada miedo y cada sorpresa, cada exceso de pasión y cada doloroso momento… y con todos ellos tejer un manto de memoria que proteja contra el frío vértigo del paso del tiempo.

El segundo, despertarse cada día con la sana intención de no perder cada oportunidad de disfrutar, de no pensar que algo es prescindible (ni el trabajo, ni las obligaciones de cuidar a nuestros menores y a nuestros mayores, ni el vino compartido con amigos, ni el amor correspondido o no, ni el dormir, ni la comida rápida o lentamente preparada con cariño…), de sentir que cada día es una oportunidad para aprender, con delirio o con dolor, con placer y con pasión, de cada persona que se cruza en nuestro viaje, de cada mirada compartida, de cada palabra y cada sonrisa callada.

Son dos oportunidades para luchar contra ese fantasma que nos persigue, por delante y por detrás, dos modos de intentar lograr que esta vida, corta de por sí, nos viva sin olvidarnos. Amigos tengo para compartir estos pensamientos y vosotros y vosotras va esta frase de Erasmo de Rótterdam: La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos parece ameno.

Mi silencio en el blog no se corresponde con un silencio en el alma. Os sigo recordando con deleite, os sigo abrazando en la distancia y no me canso de brindar por vuestra suerte, por vuestra vida, por las lágrimas compartidas y las sonrisas entrelazadas.

Un abrazo
Modesto

08 enero 2008

para los que os acercáis de vez en cuando

Aunque esté cerrado, de vez en cuando un duende repone algún escrito. En esta caso, una reflexión a mis amigas y un poema para después de navidades.
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A una amiga, a todas mis amigas


Cuando la noche apaga las luces que el día había encendido entre sus manos, enciende a la vez otras luces, mágicas linternas de los sueños, para que sigamos viviendo en un ciclo ininterrumpido de luces nuevas cada amanecer y cada anochecer, de luces mágicas que alumbran, con brillo renovado, nuestro existir entre sombras.

Cuando aprendemos que las palabras dan forma a nuestros sueños, a nuestras historias vividas, a las imaginadas y a las emociones más íntimas… entonces le dimos al alma mágicas luces que iluminan caminos antes oscuros, sombríos de miedo y desconocimiento, caminos que sueñan futuro vivo, caminos que nos hacen crecer entre lágrimas y sonrisas, caminos que nos hacen más humanos.

Cuando tus ojos de amiga me devuelven la mirada, limpia y fresca, estallan entre las luces estrellas felices y temblorosas, adornan nuestros ojos con brillos resplandecientes y nuestras manos se encuentran, se trasmiten sensaciones que ponen palabras a las emociones, y nuestros brazos abrazan presente, pasado y futuro entre historias que pasaron, abrazos que no quisiéramos dejar y sueños de futuro mutuos.
..-

Ojos negros de la noche
que no ilumináis la cama
de quienes no tienen futuro claro
pasan de largo los magos
pasan de largo renos y camellos
no están escritos tus nombres en sus mapas
Ojos tristes de la lluvia
que no regáis la esperanza
de un mañana luminoso
de quienes no tienen mañana
pasan de largo las luces
pasan de largo caballos, trineos

dejadme parar un momento
mis ojos en vuestros ojos
posar una sonrisa y algo más
en manos encallecidas
de niños que trabajan de más,
de niñas que venden de más,
de gente que dejó de crecer
para ser ya mayor
de mayores que perdieron su niño
en la miseria, tan cercana,
en la guerra , tan ajena
que se vieron sin futuro
sin culpa, sin condena

dejadme compartir un rato
mi ternura y mi sentir
la suerte que mi cuna tuvo
mis deseos para cambiar
para humanizar al menos
nuestros futuros entrelazados.
Perdonad que no os visite. Un abrazo para todos los que permanecéis ahí.

20 diciembre 2007



La hora de la despedida:

Hola amigos y amigas, que habéis compartido conmigo sueños, poemas, cocina y reflexiones varias, hoy he venido a despedirme, sin demasiada tristeza (que un poco sí), con un montón de sonrisas en el alma y alguna lágrima de las que hacen brindar.

En marzo de 2006 abrí esta ventana, con la imagen del tejo, para volcar un montón de emociones, encontrar amigos, verter vivencias y reflexiones… aprendí de mi amigo Juanan (dedalus) y estuve un año volcando y volcando. En marzo del 07 me aventuré a visitar blogs, a escribir a los demás, a entrar en vuestras casas y en vuestras vidas, cada vez con más confianza, a visitar vuestras neveras y compartir con vosotros la mesa y la conversación, el vino y el alma… Y me habéis ido contestando, me habéis hecho partícipes de vuestra ilusión, de vuestros avatares, trabajos, amores, historias de vida que hemos compartido más allá del blog.

He encontrado un espacio de expresión y de compartir que ha colmado mis necesidades de estar en relación con más gente, de causar impacto en los demás, de reconocimiento a mis pocas o muchas dotes de poeta y cocinero. Habéis acompañado mi camino junto a mi familia, junto al crecer de mi hijo Beñat, junto al proceso de enfermedad de mi hija Miren, junto al volar cada vez más alto y más lejos de mi hija Itziar, junto a mi querer y vivir con MariCarmen, mi mujer, junto a amigos que se han asomado a estas páginas, sus hijos (la última Enara, aún sin nacer), junto a mi cambio de trabajo y… tantas cosas…

El blog ha respondido a mis necesidades y me ha devuelto multiplicado por diez lo que yo he traído. Pero ha cumplido un ciclo y yo, culo inquieto en mi vivir, buscaré nuevas formas y nuevos caminos por los que avanzar. No voy a dejar de escribir poemas, no voy a dejar de cocinar para la familia y los amigos, no voy a dejar de acoger bajo mi ventana a quien se acerque a ella con una sonrisa o, quizá, con una lágrima y me necesite… sigo aquí, quien quiera ser peregrino y acercarse, será bien recibido. No encuentro tiempo para devolver las visitas y eso no me gusta. Prefiero enviaros lo que haga y visitaros cuando tenga tiempo.

No sé si me arrepentiré, si volveré dentro de unas semanas a llenar estos folios de palabras y emociones, de ingredientes culinarios y colores de amigos que sonrían al leer el blog… no lo sé.

Para quien quiera que le siga mandando los poemas que escriba, o que le envíe por correo las recetas que vaya aprendiendo… abriré unos grupos en mi correo. Si queréis recibirlo, mandadme un correo a modes.amestoy@gmail.com y os escribiré de vez en cuando (también a quienes me leéis sin comentar, os agradecería un correo para incluiros en la lista). Por lo demás, no encuentro una manera mejor de despedirme que con un poema, un abrazo enorme por lo que habéis supuesto en mi vida y un brindis (con rioja) por lo que vais a seguir suponiendo en adelante.

No te diré adiós,
notarás mi tristeza en la voz,
un temblor en mis palabras
para trasmitir a tu corazón
lo que siento, lo que pienso,
lo que soy y lo que te doy,
sentirás mi caminar
a tu lado, en el silencio,
escucharás mi canción
y palpitará en tu piel
el calor de mi amistad.



Os dejo un rioja y unos bombones de mi ciudad: Vitoria-Gasteiz. Os abrazo.

16 diciembre 2007

mi ciudad: vitoria-gasteiz


Como cada mañana, entre la niebla y el despertar del día, aparecen los rasgos de cada edificio, de cada torre de mi ciudad, mientras camino, las manos encogidas por el frío en los bolsillos, hacia el edificio donde trabajo.

Entro en las calles medievales, la luz de algunas farolas me iluminan el pasado de ocho siglos que me salen al encuentro. Entro por la calleja que da la vuelta a la iglesia de San Pedro, puedo imaginar las gentes de hace seiscientos años, acudiendo con miedo, con prisa a la iglesia donde se reúnen los nobles bien vestidos y los pobres con harapos, atrás, de pie. Pero todos pasan por la misma puerta, entran bajo la imagen imponente de la Virgen, sonriendo, y las imágenes de los doce apóstoles, pintadas de vivos colores, bajo el tímpano lleno de figuras bellamente esculpidas en la piedra. Todos huelen el incienso que disimula los olores de una ciudad medieval.

Avanzo por el cantón, dejo a un lado casas blasonadas, con escudos de familias que ya no existen, con ventanas donde puedo imaginar a los propietarios de la casa, comentando los avatares de los que pasan por la calle Herrería, con sus carros cargados de fardos de lana o con sus caballos cansados de avanzar en el duro invierno en la ruta que unía Castilla con el norte de Europa, o peregrinos curioseando entre las calles…

Subo a lo alto de la colina, donde se asientan las calles más viejas, palacios renacentistas de familias poderosas que tejieron sus moradas para vencer al tiempo, para dejar sus huellas a un paseante del futuro que se preguntará algún día por aquellas gentes, sus problemas, sus anhelos, sus amores y sus cuitas… que imaginará mientras camina entre la niebla y el frío, que camina seiscientos años atrás y ve salir del palacio una carreta, unos personajes que inician un viaje, mientras saludan a quien se encuentran en la calle.

Tuerzo a la derecha y las siluetas de otras dos torres, de San Miguel y San Vicente, se entremezclan con las paredes de otros palacios y de casas más humildes, más modernas, menos casas. El empedrado de la calle me va marcando el camino, busco la protección de las casas contra el viento, contra la lluvia y voy llegando al trabajo. Al fondo la torre de la catedral, su plaza y su fuente se perfilan contra el cielo, aún negruzco, de la noche, raso y sin nubes.

Enciendo el ordenador y le Edad Media se esfuma, comienzo otro nuevo día de trabajo. El abrazo entre el pasado y el presente, en mi imaginación, produce un destello en el negro de la noche, entre las pocas estrellas que titilan en el cielo. Vuelvo al presente y tecleo mientras miro la pantalla, mi clave personal: “Me encanta mi ciudad, me encanta Vitoria-Gasteiz”

10 diciembre 2007

poesía para una niña que va a nacer


Con el nombre que han pensado sus padres para la niña que crece en el vientre de Iratxe y junto a los cuidados de Carlos, me surgieron estas palabras. El nombre es Enara, que significa golondrina en euskera.



El primero se lo regalo al padre para que se lo lea a su hija. Un abrazo Carlos.






Quiero tejer con mis ramas
una cuna donde descanses tranquila
poner una manta de ternura
donde reposes con paz
mientras tu padre te mira
donde sonrías entre sueños
mientras tu madre descansa.

Trenzaré con emociones vividas
un nido que te proteja
del frío de la mañana
y del calor al mediodía
pensaré tus sonrisas dormidas
imaginando mundos sin estrenar
avivaré tu fuego de futuro
con lágrimas sin tiempo

construiremos los dos un mundo
que te permita crecer sin miedo
donde aprendas a volar
en círculos cada vez más grandes
donde desarrolles más
lo que sientes, lo que eres,
lo que sabes, lo que vives
donde vayas dejando las huellas
de tu crecer enraizado

y las manos que al principio
apoyarán tus inciertos pasos
recibirán con el tiempo
arrugadas por tejer y trenzar
tu caricia enternecida
tu cariño y tu sonrisa
cerrando el círculo de vida
que se inicia mientras creces
en el vientre enamorado
de dos almas que te esperan.



El segundo se lo regalo a Iratxe, con la que tanto he aprendido y compartido. Un abrazo.






Una torre, un campanario
sonidos alegres llenan los huecos
los nidos de docenas de golondrinas
empeñadas en volar y volar
en inacabables círculos
recortando su breve figura
contra el azul del cielo
bordeando el silencio de la tarde
de verano frente a la sierra.

Un nido, una breve parada
un volver a volar incansable
mientras los pájaros padres
observan sonrientes y callados,
acompañan los primeros vuelos
enseñan caminos nuevos
y esperan pacientes
la vuelta de la pequeña golondrina
a la paz del nido en la torre.




Fortalecer la torre
construir con mimo el nido
tener paciencia y volar
junto a la pequeña, soltar
de cuando en vez la mano,
amamantar los sueños,
mirar con ternura el crecer
y esperar hasta que un día
encuentre otra torre, otro cielo
donde romper el azul
con la gracia de su volar.






Y para todos los que leáis estos poemas, un abrazo de padre que recuerda las sensaciones y las emociones vividas hace mucho tiempo, antes de nacer mis hijos.

06 diciembre 2007

dos recetas rellenas con cariño

Voy a contaros dos platos sencillos y muy agradecidos que me han enseñado mi hermana Oren y mi hija mediana Miren.

Huevos rellenos:


Ingredientes:
Huevos
atún
mahonesa
aceitunas


Preparación:

Se cuecen los huevos unos 10 minutos con una chorrotada de vinagre y sal, se dejan enfriar y se parten por la mitad apartando las yemas y las claras.

En un bol mezclamos atún, parte de las yemas y mahonesa para lograr el relleno (también podemos jugar con chatka y otros ingredientes). Rellenamos los medios huevos y guardando algunas yemas, las espolvoreamos por encima con un rallador. Adornamos con medias aceitunas.


Tomates rellenos de arroz:

Ingredientes:
Tomates medianos o grandes.
Arroz.
Berenjena, calabacín, pimiento verde y rojo, zanahoria.
Queso rallado.
Aceite, agua y sal.


Preparación:

Cocemos el arroz con un poco de cebolla y lo reservamos aparte.
En una sartén ponemos a pochar las verduras bien troceaditas, añadiendo la carne de los tomates que vaciaremos con una cucharita. Cuando estén bien pochadas, añadimos el arroz y lo mezclamos bien para lograr el relleno de los tomates.
Rellenamos los tomates con la mezcla y espolvoreamos con queso rallado y, si nos gusta, cubrimos con la tapa del tomate.
Metemos al horno 5 minutos antes de servir en la mesa.
Bueno os dejo con estas dos recetas sencillas y aprovechables para cualquier día. Como siempre, os prometo un par de poemas para la semana que viene y que perdonéis mis pocas visitas a vuestros blogs por falta de tiempo. Que disfrutemos de la vida.
Un abrazo y un brindis por estar ahí.


28 noviembre 2007

todos somos peregrinos

Estamos en clase, el profesor, digamos que se llama Richard, ha acabado la clase y la profesora auxiliar, pongamos que se llame Amaia, le dice a un alumno, puede que se llame Modesto, que cuente una historia para despedir el curso.

El alumno, después de extender en el suelo, en el centro de todos, una calabaza, dos maíces, una botella de rioja, un queso y unos dulces, comenzó leyendo:

“Hace muchos años, unos peregrinos salimos de Inglaterra y viajamos en el Myflower buscando una libertad que no teníamos en la vieja Europa. Pasamos un mal invierno y muchos no sobrevivieron. Los que pudimos sobrevivir, ayudados por los indios nativos, aprendimos a cultivar el maíz y la calabaza y al año siguiente, para celebrar una buena cosecha, comenzamos la costumbre de celebrar el día de Acción de Gracias.

Pasaron muchos años hasta que esta fiesta se ha hecho una costumbre y nos reunimos en torno a la mesa con pavo, maíz, calabaza y salsa de cranberry a dar gracias por la cosecha.

Nosotros, peregrinos que hemos salido en busca de nuevos espacios donde sentir, donde crecer como crece el maíz, donde aprender a ser, a sentir, a vivir entrelazados, hemos encontrado un espacio creado por el cariño y dedicación de nuestros profesores y también podemos dar las gracias, no sólo a Dios, sea como sea y esté donde esté, sino también a quienes han hecho posible este mundo nuevo, a todos nosotros.

A lo típico allá, añadimos algunas cosas típicas de acá: vino de rioja, queso de idiazabal y dulces de Izarra. Celebremos una acción de gracias”

El profesor, emocionado y con lágrimas en los ojos, dijo a los alumnos: “Esa historia se está repitiendo cada día, con peregrinos que cruzan los ríos en México, que se esconden en camiones como polizones, que cruzan los mares en pateras y llegan exhaustos a las playas de Europa, que huyen de su Africa, de la represión, de su pobreza, de su pasado… y los gobiernos de Norteamérica y de Europa no se dan cuenta de que todos hemos sido peregrinos…

Y los alumnos aprendimos tanto o más de las lágrimas del profesor que de sus palabras. Un esfuerzo por que podamos entender la necesidad de nuevos mundos.

Y el profesor trinchó el pavo y lo preparó para compartir con todos los alumnos.

22 noviembre 2007

envidiando a los del sur


Aunque la palabra envidia puede sonar a nuestros oídos un poco fuerte, me aferro a ella para expresar lo que siento cuando veo las fotos de Buenos Aires con las flores del jacarandá, con los sonidos alegres de las chicas con tirantes y la música de un tango al atardecer, en una cafetería llena de humo y baile, con el brindis de un buen vino blanco y frío, muy frío, argentino, chileno, peruano de Ica... de donde sea.


Unos versos que me salen del alma y un plato de cocina experimental y creativa:


Hace tiempo...


Hace tiempo que vengo persiguiéndote
hace tiempo que mis manos intentan asirte
hace tiempo que he puesto mi suerte en tu cintura
hace tiempo que sueño, con los ojos abiertos, con tu sentir
hace tiempo que salgo, cada vez que oigo tu voz, rápido a la calle
hace tiempo que las sombras del amanecer
envuelven mi silencioso caminar pensando en ti
hace tiempo que mis labios, cada vez con más fuerza,
gritan tu nombre a cada árbol
a cada lugar donde te puedas esconder
hace tiempo que mis ojos sufren
por la ausencia de tu figura en su retina
hace tiempo que mis silencios agonizan
a la sombra de edificios sin reflejar
hace tiempo que mis sueños duermen
esperando tu presencia, llorando tu ausencia
hace tiempo que mis emociones saltan
si sospechan que te puedes acercar
hace tiempo que me duele la razón
por no entender tu caminar
hace tiempo que no sé si fuiste real
o una ensoñación engendrada por un mago
hace tiempo que las preguntas caen sin color
al abismo del silencio lluvioso y gris


hace tiempo que sé que emigraste al sur
para alegrar los ojos y los labios de otras gentes
¿cuándo volverás, primavera, a conquistarme?
¿cuándo vendrás a mecerme en tus caderas?

La receta:


Revuelto de otoño y primavera

Vamos a ser imaginativos, a sacar nuestra creatividad a pasear y a tratar de juntar a tan dispares personajes, el uno vestido de hojas de variados colores elegantes, pero fríos y la otra con un vestido de flores azules de jacarandá, allá en el Buenos Aires sureño. (la foto del jacarandá es de Ferípula)

Sobre una ensalada de tomate y lechuga, añadimos unos trozos de aguacate y, después de saltearlas en una sartén con unos ajitos, unas setas cortadas en juliana (las mejores serían boletus edulis o cantharelus) intentando unir el otoño con la primavera. Por encima espolvoreamos un poco de queso parmesano laminado.

Para postre unas bolitas de helado de vainilla en un cestito de hojaldre, sobre las que echaremos chocolate caliente al gusto de cada uno.

Para acompañar esta maravillosa cena preparada con cariño para compartir con alguien que nos conmueva, os propongo un brindis con un vino blanco de la tierra de cada uno, yo de Rioja.

Y me despido unos días, que me marcho a compartir mesa y mantel con gentes, druídas del bosque, con los que compartiré también emociones y conversaciones. Nos vemos la semana que viene, en vuestra primavera o en nuestro otoño. Un abrazo de dos colores.